Qué es
El desprecio es el juicio de que algo o alguien está por debajo de ti: de poco valor, que no vale la pena tratar como un igual. Es frío más que caliente, más mueca que furia. Es global, apunta a una persona o a un grupo completo en vez de a un acto. Y cierra la curiosidad: el veredicto ya está, así que no queda nada que aprender.
John Gottman lo llama el más corrosivo de los “cuatro jinetes” en una relación, porque funciona desde una superioridad que se da por sentada.
Una fórmula sencilla: el desprecio es observación más un veredicto de rango. “Esto está pasando” es observación. “Esto está pasando, y por eso ellos valen menos, y yo estoy por encima” es desprecio.
Cuando en verdad es duelo
“La gente es una porquería” puede sentirse como un juicio, pero muchas veces es el duelo buscando una salida. Recibes un daño contra el que no puedes hacer nada, la energía moral no tiene adónde ir, y un veredicto sobre una categoría entera termina tanto la curiosidad como la obligación.
El blanco no tiene que ver con la culpa. Tiene que ver con la cercanía. La carga cae sobre el grupo de gente más cercano y más fácil de abstraer, aunque no haya hecho nada.
Cómo se ve en mí
Tengo más del que quisiera, sobre todo hacia grupos en las noticias. La prueba que uso cuando escribo: ¿qué parte de la oración está haciendo el trabajo, la observación o el veredicto? Si es el veredicto, la reescribo.
Cuando me preguntaba qué había pasado en los diez minutos antes de que subiera el reflejo, la respuesta siempre era lo que había consumido: las noticias, un crimen, una guerra que no puedo detener. Luego algún grupo cualquiera, los padres, los conductores, los hombres, se llevaba el golpe. Ahora, cuando lo siento venir, trato de preguntarme qué estoy llorando. Casi siempre es más triste, y más honesto.